29.5.19

Ni uno ni dos, ¡somos tres!


Los puntos suspensivos (…) indican que una expresión está incompleta o tiene un sentido inacabado. Siempre son tres, pero no siempre lo fueron, pues en las ortografías académicas antiguas era un número indefinido de puntos, que, además, podían ser simples (…...) o dobles (:::::::::::::).

Se le llama puntos suspensivos porque entre sus usos principales está el de dejar en suspenso el discurso. Se escriben siempre pegados a la palabra o el signo que los precede, y separados por un espacio de la palabra o el signo que los sigue; pero si lo que sigue a los puntos suspensivos es otro signo de puntuación, no se deja espacio entre ambos. 

Si los puntos suspensivos cierran el enunciado, la palabra siguiente debe escribirse con mayúscula inicial: El caso es que si lloviese... Mejor no pensar en esa posibilidad; pero si no cierran el enunciado y este continúa tras ellos, la palabra que sigue se inicia con minúscula: Estoy pensando que... aceptaré; en esta ocasión debo arriesgarme.

Es importante saber que:

*Si los puntos suspensivos finalizan el enunciado, no debe añadirse a ellos el punto de cierre (se escribirán solo tres puntos): Me encanta esta casa. Es hermoso despertarse y ver el sol, los árboles, la luz en las ventanas... Creo que volveré el año que viene; pero si los puntos suspensivos van detrás de una abreviatura, se suma a ellos el punto que la cierra, de modo que se escribirán cuatro puntos en total.

*Tras los puntos suspensivos sí pueden colocarse otros signos de puntuación, como la coma, el punto y coma y los dos puntos, sin dejar entre ambos signos ningún espacio de separación. 
Ejemplos: 

Cuando decidas los colores, las telas, el tipo de mobiliario..., ven a verme y te haré el presupuesto.

Mañana traerán la mesa, las sillas, los cuadros...; entonces sí parecerá una casa.

Pensándolo bien...: mejor que no se presente.

*Los puntos suspensivos se escriben delante de los signos de cierre de interrogación o de exclamación si el enunciado interrogativo o exclamativo está incompleto: ¡Si te dije que...! Es inútil, nunca haces caso a nadie; si está completo, los puntos suspensivos se escriben detrás, sin espacio de separación: ¿Me habrá traído los libros?... Seguro que sí. Pueden darse casos en que se junten el punto de una abreviatura, los tres puntos suspensivos y el de los signos de cierre de interrogación o de exclamación: —¿Viste a ese Sr....? —Sí, el Sr. González estuvo aquí ayer.

 Algunos de sus usos:

*Para indicar la existencia en el discurso de una pausa transitoria que expresa duda, temor, vacilación o suspense: No sé si ir o si no ir... No sé qué hacer; Te llaman del hospital... Espero que sean buenas noticias; Quería preguntarte... No sé..., bueno..., que si quieres ir conmigo a la fiesta; Si yo te contara...

*Para señalar la interrupción voluntaria de un discurso cuyo final se da por conocido o sobrentendido por el interlocutor: A pesar de que prepararon cuidadosamente la expedición, llevaron materiales de primera y guías muy experimentados... Bueno, ya sabéis cómo acabó la cosa. Es especialmente frecuente este uso cuando se reproduce un refrán o un fragmento literario de sobra conocido: Más vale pájaro en mano..., así que dámelo ahora mismo; Y en mitad de la fiesta, se subió a una mesa y comenzó a recitar: «Con diez cañones por banda...».

*Para evitar repetir la cita completa del título largo de una obra que debe volver a mencionarse: La obra Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos, de Rafael Alberti, está llena de grandes aciertos. Los versos de Yo era un tonto... contienen algunos de los mejores hallazgos expresivos del autor.

*Para insinuar, evitando su reproducción, expresiones o palabras malsonantes o inconvenientes: ¡Qué hijo de... está hecho! A veces se colocan tras la letra inicial del término que se insinúa: Vete a la m... No te aguanto más.

*Sin valor de interrupción del discurso, sino con intención enfática o expresiva, para alargar entonativamente un texto: Ser... o no ser... Esa es la cuestión.


Fuentes: nueva edición de la Ortografía de la Lengua Española.
Correctora de Papel.


23.5.19

¿Está súper bien o super bien?



El prefijo “super”, según la nueva edición de la Ortografía de la lengua española, solo lleva tilde si se emplea como sustantivo que equivale a “súper” por supermercado o a un tipo de gasolina. Ejemplo: «Lo compramos en el súper», «Este año la súper subirá de precio», y cuando se utiliza como adverbio o adjetivo pospuesto al sustantivo. Ejemplo: «Es una idea súper», «Lo pasamos súper en la fiesta».

Es importante destacar que este prefijo debe escribirse unido a la siguiente palabra y sin tilde (superhéroe, superpráctico, superfino). Es común en los medios de comunicación leer frases en las que el prefijo super- aparece separado de la palabra a la que acompaña o unido a esta con un guion: «Las firmas de moda se apuntan a las súper rebajas»; «Le convertirá en el súper-héroe más aclamado». Sin embargo, este prefijo se escribe, no obstante, separado del término al que acompaña si este es pluriverbal: «Fue un super primer ministro»; «Eso está super de moda»; también en este caso se escribe sin tilde.



Fuente: Fundéu.
Correctora de Papel.

20.5.19

La correctora le dijo: -Recuerde usar bien los dos puntos...


Los dos puntos:

*Anuncian una enumeración. En este caso, después de los dos puntos, debe escribirse con minúscula:

La casa tiene de todo: muebles funcionales, varios objetos decorativos, etc.

*Van después de las palabras que expresan conclusiones, consecuencias o que resume lo que antecede:

Jacinto pasa por todos los miedos: desde el temor inicial hasta el terror final.

*Se colocan después de conectores discursivos de valor enfático (ahora bien, a saber, dicho de otra manera, dicho de otro modo, en conclusión, en otras palabras, en resumen, es decir, esto es, más aún, pues bien) para crear cierta intriga en el lector:

¿Recuerda que nación prematuro? Pues bien: seguí los consejos del médico de cómo debía cuidarlo, pero no aumentó de peso.

*Introducen una cita textual directa. Siempre que sea cita textual, después de los dos puntos, la primera palabra comienza con mayúscula:

Escribe Mario Vargas Llosa: “Algunas cosas saben su historia y las historias de las demás; otras, solo la suya”.

Y muestran pensamientos de los personajes:

El anciano pensó: “La peor vejez es la del espíritu”.

Y también las palabras directas de los personajes:

Comentó Chantal:

-Lo malo es mi padre tiene mucha plata.

*En títulos de obras o de trabajos académicos:

Regionalismo en México: ¿Un fenómeno que resurge?

*Después de las fórmulas de cortesía con que empiezan las cartas, notas, discursos, correos electrónicos. También se debe comenzar con mayúscula:

Estimado amigo:
                            Cierto es que voy a decirle que…  

Hay algunos usos más que debo contarles en algún otro momento.

Si quieren saber cuáles son los usos incorrectos, ¡escriban un comentario y les cuento!


Fuente: El uso de la puntuación en español.
Correctora de Papel.


16.5.19

¿Solo o sólo? ¡No se tilda más desde hace nueve años!



Hace nueve años que la RAE eliminó el acento diacrítico en "solo". De todas maneras, se puede ver que algunos medios impresos y los usuarios del idioma no lo están poniendo en práctica. ¡Siguen tildándolo! Quizá uno de los motivos sea la desinformación o desconocer los nuevos cambios que ya tienen ocho años de vigencia. Voy a explicarles el motivo por el cual ya no se tilda más:

Las reglas ortográficas anteriores prescribían el uso de tilde diacrítica en el adverbio solo y en los pronombres demostrativos para distinguirlos, respectivamente, del adjetivo solo y de los determinantes demostrativos, cuando en un mismo enunciado eran posibles ambas interpretaciones y podían producirse casos de ambigüedad, como en los ejemplos siguientes: Trabaja sólo los domingos [= ‘trabaja solamente los domingos’], para evitar su confusión con Trabaja solo los domingos [= ‘trabaja sin compañía los domingos’]; o ¿Por qué compraron aquéllos libros usados? (aquéllos es el sujeto de la oración), frente a ¿Por qué compraron aquellos libros usados? (el sujeto de esta oración no está expreso, y aquellos acompaña al sustantivo libros).

Sin embargo, ese empleo tradicional de la tilde en el adverbio solo y los pronombres demostrativos no cumple el requisito fundamental que justifica el uso de la tilde diacrítica, que es el de oponer palabras tónicas o acentuadas a palabras átonas o inacentuadas formalmente idénticas, ya que tanto solo como los demostrativos son siempre palabras tónicas en cualquiera de sus funciones.
Por esto, se prescinde de la tilde en estas formas, incluso en casos de ambigüedadLa recomendación general es, pues, la de no tildar nunca estas palabras.

Las posibles ambigüedades pueden resolverse casi siempre por el propio contexto comunicativo (lingüístico o extralingüístico), en función del cual solo suele ser admisible una de las dos opciones interpretativas. Los casos reales en los que se produce una ambigüedad que el contexto comunicativo no es capaz de despejar son raros y rebuscados, y siempre pueden evitarse por otros medios, como el empleo de sinónimos (solamente o únicamente, en el caso del adverbio solo), una puntuación adecuada, la inclusión de algún elemento que impida el doble sentido o un cambio en el orden de palabras que fuerce una única interpretación

Según la RAE, la tilde diacrítica sirve para diferenciar dos palabras que se escriben igual, siempre y cuando una sea tónica y la otra átona (ejemplo: dé y de). En el caso de solo, su tilde no está justificada, ya que ambos términos son tónicos.



Fuente: RAE.
Correctora de Papel



14.5.19

"Tecnoferencia", un término para ir incorporando al diccionario...



El término, que viene de la unión de ‘tecnología’ e ‘interferencia’, alude a cómo el mal uso y abuso de la tecnología, sobre todo del smartphone, altera los hábitos y la salud. 

Es un término puesto por especialistas australianos. No está registrado en el Diccionario de la Real Academia Española ni en ningún otro. Pero es muy interesante para tener en cuenta a la hora de incorporar neologismos en nuestra lengua española.

Para saber un poco más acerca del fenómeno de la “tecnoferencia”, pueden visitar esta url: https://www.perfil.com/noticias/ciencia/tecnoferencia-el-abuso-del-celular-quita-horas-de-sueno-y-afecta-la-productividad.phtml



Fuente: diario Perfil.
Correctora de Papel.

10.5.19

¿Circunspecto, nefelibata y taciturno?


Hoy les voy a contar el significado de tres palabras que suenan hermosas, pero que ni se usan. De todas formas, me parece acertado recordar el significado de cada una de ellas...

*Circunspecto: habla de una persona seria, prudente y decorosa.

*Nefelibata: dicho de una persona soñadora, que no se apercibe de la realidad (RAE). Formación culta del griego nephéle, nube, y bátes, “el que anda”. La palabra “nefelibata” nunca había aparecido en ningún diccionario hasta que la RAE decidió incluirla en 1984.
Algunos poetas usaron dicha palabra en sus obras... Uno de ellos fue Rubén Darío (1867-1916), poeta nicaragüense que escribió el poema "Epístola":

"Mi maldita visión sentimental del mundo me aprieta el corazón,
y así cualquier tunante me explotará a su gusto.
Soy así. Se me puede burlar con calma. Es justo.
Por eso los astutos, los listos, dicen que
no conozco el valor del dinero. ¡Lo sé!
Que ando, nefelibata, por las nubes… Entiendo.
Que no soy hombre práctico en la vida… ¡Estupendo!…"

Y también, Antonio Machado (1875-1939), escritor español de la generación del ´98, que narró estos bellísimos versos:

"Sube y sube, pero ten
cuidado, Nefelibata,
que entre las nubes también
se puede meter la pata".

*Taciturno: del lat. taciturnus. Dícese de una persona que es callada, silenciosa y que le molesta hablar. O de alguien triste, melancólico o apesadumbrado.


¡Hasta la próxima!


Fuente: Correctora de Papel.
RAE.

6.5.19

¡Y punto!


Hoy, voy a hacer un resumen de los usos más amplios del punto. Y cuándo debe omitirse. El punto es un signo de puntuación. Señala el fin de la oración, separa oraciones, delimita párrafos, cierra las abreviaturas, etc. Ahora, voy a contarles usos más específicos:


*Si las horas se expresan con números, se separan de los minutos con punto, porque los minutos no son decimales, sino sexagesimales: 3.45; 18.30. También, pueden usarse dos puntos en textos científico-técnicos: 3.45; 18:30.

*Las edades de las personas (años y meses) llevan punto, porque los meses no son decimales, sino duodecimales: 2.3 (dos años y tres meses).

*Para separar los números enteros de los decimales: 30.25 (en español, se recomienda el uso de la coma).

*Cuando la dirección electrónica o la de una ciberpágina ocupan el final de la oración:
Ej.: La dirección electrónica de la institución es la siguiente: info:gmail.com.

*Para separar en sílabas una palabra, no se dejan espacios: pá.ja.ro.

*Para separar títulos de subtítulos: Confieso que he vivido. Memorias, de Pablo Neruda.

Debe omitirse:

*En los títulos de libros o capítulos, centrados o marginados, en tapas y portadas; en subtítulos, etiquetas, rótulos, eslóganes:

*Tras el nombre del autor o tras el título de la obra, en tapas, portadas, prólogos, firmas de cartas, salvo que vayan a renglón seguido.

*En los textos que aparecen al pie de un cuadro, lámina, grabado, fotografía periodística, etc. Si el título es corto no se le agrega punto; si es extenso (dos o más líneas), conviene cerrarlo en un punto.

*De acuerdo con la normativa internacional, cuando la cantidad posee más de cuatro cifras, se deja un espacio fino en el lugar del punto: 67 567; 123 899; 1 667 789. En Argentina, puede usarse el punto en textos contables.

*En las letras I y J, solo las minúsculas deben llevar punto.

*No llevan punto las siglas ONU; UNESCO.

*No llevan punto los números de códigos postales, apartados de correos, versos, páginas, años, domicilios, artículos, leyes, decretos: Código Postal 9888; verso 1234; página 89; año 2019; Avenida del Libertador 1234; Ley 12987.

En otro artículo, seguiré contándoles otras omisiones del punto que se deben utilizar.



Fuente: El uso de la puntuación en español, de Alicia Zorrilla.










2.5.19

¿Corrector o corruptor?

A la hora de "negociar" los cambios que el corrector propone para los textos, algunos autores se preguntan: "¿corrector o corruptor?"; y es que la tarea de corregir involucra dos grandes peligros que surgen, paradójicamente, del conjunto de habilidades caracterizadas como competencias enciclopédicas, gramaticales y textuales. Porque la aplicación exagerada de tales procedimientos, puede constituirse a su vez en fuente inagotable de nuevos errores y entonces corromper desde los cimientos la especificidad de la tarea.

El corrector no debe olvidar que su trabajo está supeditado al del autor, por lo que debe evitar sobrecorregir y ultracorregir. En el primer caso, en el que la intervención en los textos ajenos no busca mejorar los aspectos que se apartan de la normativa canónica, sino simplemente hacer prevalecer sus preferencias estilísticas y personales, se producirán desajustes tanto intratextuales como interpersonales.

En el segundo, el de la ultracorrección, el riesgo consiste en corregir lo correcto. El trabajo de la corrección se apoya en la norma, es decir, que la adecuada discriminación entre los usos correctos y los incorrectos es de vital importancia para el "buen corregir". Sin embargo, es necesario considerar que la aceptabilidad de las normas varía no solo diacrónicamente sino de comunidad en comunidad: el corrector debe tomar conciencia de que muchos errores que se cometen en un momento histórico terminan finalmente siendo aceptados por la norma vigente debido a que el uso y el consenso social así lo imponen. Ultracorregir entonces, implica aplicar sobre un error un criterio ya perimido en el tiempo o bien realizar una transposición errónea de la normativa vigente.

Por lo tanto, la labor del corrector requiere no solo de conocimientos técnicos, sino de saberes obtenidos gracias a una sólida formación cultural, al modo de la que poseían los copistas, originarios correctores, cuyo trabajo erudito y minucioso era una instancia obligada en la reproducción de una obra e, incluso, un valor agregado a su calidad y precio de venta. Corregir es entonces una técnica, que se nutre de conocimientos previos y de procedimientos específicos que son factibles de ser adquiridos con la práctica. Pero también es un arte, ya que no existe una única versión posible para corregir un texto.



Fuente: "¿Corrector o corruptor? Saberes y competencias del corrector de estilo". María Marta Negroni y Andrea Estrada. 

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