16.5.19

¿Solo o sólo? ¡No se tilda más desde hace nueve años!



Hace nueve años que la RAE eliminó el acento diacrítico en "solo". De todas maneras, se puede ver que algunos medios impresos y los usuarios del idioma no lo están poniendo en práctica. ¡Siguen tildándolo! Quizá uno de los motivos sea la desinformación o desconocer los nuevos cambios que ya tienen ocho años de vigencia. Voy a explicarles el motivo por el cual ya no se tilda más:

Las reglas ortográficas anteriores prescribían el uso de tilde diacrítica en el adverbio solo y en los pronombres demostrativos para distinguirlos, respectivamente, del adjetivo solo y de los determinantes demostrativos, cuando en un mismo enunciado eran posibles ambas interpretaciones y podían producirse casos de ambigüedad, como en los ejemplos siguientes: Trabaja sólo los domingos [= ‘trabaja solamente los domingos’], para evitar su confusión con Trabaja solo los domingos [= ‘trabaja sin compañía los domingos’]; o ¿Por qué compraron aquéllos libros usados? (aquéllos es el sujeto de la oración), frente a ¿Por qué compraron aquellos libros usados? (el sujeto de esta oración no está expreso, y aquellos acompaña al sustantivo libros).

Sin embargo, ese empleo tradicional de la tilde en el adverbio solo y los pronombres demostrativos no cumple el requisito fundamental que justifica el uso de la tilde diacrítica, que es el de oponer palabras tónicas o acentuadas a palabras átonas o inacentuadas formalmente idénticas, ya que tanto solo como los demostrativos son siempre palabras tónicas en cualquiera de sus funciones.
Por esto, se prescinde de la tilde en estas formas, incluso en casos de ambigüedadLa recomendación general es, pues, la de no tildar nunca estas palabras.

Las posibles ambigüedades pueden resolverse casi siempre por el propio contexto comunicativo (lingüístico o extralingüístico), en función del cual solo suele ser admisible una de las dos opciones interpretativas. Los casos reales en los que se produce una ambigüedad que el contexto comunicativo no es capaz de despejar son raros y rebuscados, y siempre pueden evitarse por otros medios, como el empleo de sinónimos (solamente o únicamente, en el caso del adverbio solo), una puntuación adecuada, la inclusión de algún elemento que impida el doble sentido o un cambio en el orden de palabras que fuerce una única interpretación

Según la RAE, la tilde diacrítica sirve para diferenciar dos palabras que se escriben igual, siempre y cuando una sea tónica y la otra átona (ejemplo: dé y de). En el caso de solo, su tilde no está justificada, ya que ambos términos son tónicos.



Fuente: RAE.
Correctora de Papel



14.5.19

"Tecnoferencia", un término para ir incorporando al diccionario...



El término, que viene de la unión de ‘tecnología’ e ‘interferencia’, alude a cómo el mal uso y abuso de la tecnología, sobre todo del smartphone, altera los hábitos y la salud. 

Es un término puesto por especialistas australianos. No está registrado en el Diccionario de la Real Academia Española ni en ningún otro. Pero es muy interesante para tener en cuenta a la hora de incorporar neologismos en nuestra lengua española.

Para saber un poco más acerca del fenómeno de la “tecnoferencia”, pueden visitar esta url: https://www.perfil.com/noticias/ciencia/tecnoferencia-el-abuso-del-celular-quita-horas-de-sueno-y-afecta-la-productividad.phtml



Fuente: diario Perfil.
Correctora de Papel.

10.5.19

¿Circunspecto, nefelibata y taciturno?


Hoy les voy a contar el significado de tres palabras que suenan hermosas, pero que ni se usan. De todas formas, me parece acertado recordar el significado de cada una de ellas...

*Circunspecto: habla de una persona seria, prudente y decorosa.

*Nefelibata: dicho de una persona soñadora, que no se apercibe de la realidad (RAE). Formación culta del griego nephéle, nube, y bátes, “el que anda”. La palabra “nefelibata” nunca había aparecido en ningún diccionario hasta que la RAE decidió incluirla en 1984.
Algunos poetas usaron dicha palabra en sus obras... Uno de ellos fue Rubén Darío (1867-1916), poeta nicaragüense que escribió el poema "Epístola":

"Mi maldita visión sentimental del mundo me aprieta el corazón,
y así cualquier tunante me explotará a su gusto.
Soy así. Se me puede burlar con calma. Es justo.
Por eso los astutos, los listos, dicen que
no conozco el valor del dinero. ¡Lo sé!
Que ando, nefelibata, por las nubes… Entiendo.
Que no soy hombre práctico en la vida… ¡Estupendo!…"

Y también, Antonio Machado (1875-1939), escritor español de la generación del ´98, que narró estos bellísimos versos:

"Sube y sube, pero ten
cuidado, Nefelibata,
que entre las nubes también
se puede meter la pata".

*Taciturno: del lat. taciturnus. Dícese de una persona que es callada, silenciosa y que le molesta hablar. O de alguien triste, melancólico o apesadumbrado.


¡Hasta la próxima!


Fuente: Correctora de Papel.
RAE.

6.5.19

¡Y punto!


Hoy, voy a hacer un resumen de los usos más amplios del punto. Y cuándo debe omitirse. El punto es un signo de puntuación. Señala el fin de la oración, separa oraciones, delimita párrafos, cierra las abreviaturas, etc. Ahora, voy a contarles usos más específicos:


*Si las horas se expresan con números, se separan de los minutos con punto, porque los minutos no son decimales, sino sexagesimales: 3.45; 18.30. También, pueden usarse dos puntos en textos científico-técnicos: 3.45; 18:30.

*Las edades de las personas (años y meses) llevan punto, porque los meses no son decimales, sino duodecimales: 2.3 (dos años y tres meses).

*Para separar los números enteros de los decimales: 30.25 (en español, se recomienda el uso de la coma).

*Cuando la dirección electrónica o la de una ciberpágina ocupan el final de la oración:
Ej.: La dirección electrónica de la institución es la siguiente: info:gmail.com.

*Para separar en sílabas una palabra, no se dejan espacios: pá.ja.ro.

*Para separar títulos de subtítulos: Confieso que he vivido. Memorias, de Pablo Neruda.

Debe omitirse:

*En los títulos de libros o capítulos, centrados o marginados, en tapas y portadas; en subtítulos, etiquetas, rótulos, eslóganes:

*Tras el nombre del autor o tras el título de la obra, en tapas, portadas, prólogos, firmas de cartas, salvo que vayan a renglón seguido.

*En los textos que aparecen al pie de un cuadro, lámina, grabado, fotografía periodística, etc. Si el título es corto no se le agrega punto; si es extenso (dos o más líneas), conviene cerrarlo en un punto.

*De acuerdo con la normativa internacional, cuando la cantidad posee más de cuatro cifras, se deja un espacio fino en el lugar del punto: 67 567; 123 899; 1 667 789. En Argentina, puede usarse el punto en textos contables.

*En las letras I y J, solo las minúsculas deben llevar punto.

*No llevan punto las siglas ONU; UNESCO.

*No llevan punto los números de códigos postales, apartados de correos, versos, páginas, años, domicilios, artículos, leyes, decretos: Código Postal 9888; verso 1234; página 89; año 2019; Avenida del Libertador 1234; Ley 12987.

En otro artículo, seguiré contándoles otras omisiones del punto que se deben utilizar.



Fuente: El uso de la puntuación en español, de Alicia Zorrilla.










2.5.19

¿Corrector o corruptor?

A la hora de "negociar" los cambios que el corrector propone para los textos, algunos autores se preguntan: "¿corrector o corruptor?"; y es que la tarea de corregir involucra dos grandes peligros que surgen, paradójicamente, del conjunto de habilidades caracterizadas como competencias enciclopédicas, gramaticales y textuales. Porque la aplicación exagerada de tales procedimientos, puede constituirse a su vez en fuente inagotable de nuevos errores y entonces corromper desde los cimientos la especificidad de la tarea.

El corrector no debe olvidar que su trabajo está supeditado al del autor, por lo que debe evitar sobrecorregir y ultracorregir. En el primer caso, en el que la intervención en los textos ajenos no busca mejorar los aspectos que se apartan de la normativa canónica, sino simplemente hacer prevalecer sus preferencias estilísticas y personales, se producirán desajustes tanto intratextuales como interpersonales.

En el segundo, el de la ultracorrección, el riesgo consiste en corregir lo correcto. El trabajo de la corrección se apoya en la norma, es decir, que la adecuada discriminación entre los usos correctos y los incorrectos es de vital importancia para el "buen corregir". Sin embargo, es necesario considerar que la aceptabilidad de las normas varía no solo diacrónicamente sino de comunidad en comunidad: el corrector debe tomar conciencia de que muchos errores que se cometen en un momento histórico terminan finalmente siendo aceptados por la norma vigente debido a que el uso y el consenso social así lo imponen. Ultracorregir entonces, implica aplicar sobre un error un criterio ya perimido en el tiempo o bien realizar una transposición errónea de la normativa vigente.

Por lo tanto, la labor del corrector requiere no solo de conocimientos técnicos, sino de saberes obtenidos gracias a una sólida formación cultural, al modo de la que poseían los copistas, originarios correctores, cuyo trabajo erudito y minucioso era una instancia obligada en la reproducción de una obra e, incluso, un valor agregado a su calidad y precio de venta. Corregir es entonces una técnica, que se nutre de conocimientos previos y de procedimientos específicos que son factibles de ser adquiridos con la práctica. Pero también es un arte, ya que no existe una única versión posible para corregir un texto.



Fuente: "¿Corrector o corruptor? Saberes y competencias del corrector de estilo". María Marta Negroni y Andrea Estrada. 

Imagen Google.


29.4.19

El corrector, ¿un profesional en extinción?

A lo largo de la historia, el trabajo del corrector ha cambiado. En sus inicios, revisaba la copia original elaborada por el escriba o scriptor librarius, la enriquecía con notas críticas −llamadas escolios− para el lector. Durante la Edad Media, la corrección de estilo deja de ser una tarea específica y se fusiona con la del escriba, quien en los monasterios cristianos se encargaba de copiar en forma manuscrita los originales de autor. El amanuense también realizaba tareas de corrección, y debía poseer, no solo una excelente caligrafía, sino una vasta formación enciclopédica.

La figura del corrector de estilo o castigator, separada de la del copista, vuelve a surgir con el advenimiento de la imprenta. En general, se trataba de un intelectual o al menos de un estudiante universitario con un sólido manejo del griego y del latín. Pero luego de su apogeo durante los siglos XV y XVI, la tarea de corrector de estilo comienza a perder prestigio, ya que su trabajo pasa a ser visto como una tarea técnica restringida a la identificación de las erratas. Es recién en el siglo XX cuando el corrector de estilo vuelve a tener un papel preponderante y la corrección alcanza un nivel de especificidad tanto “desde el punto de vista lingüístico, gramatical y ortográfico, como desde el semántico y léxico” (J. Martínez de Sousa, 1999:188).

Como puede verse, la tarea del corrector no siempre fue considerada en su especificidad. De hecho, aún hoy, para varios autores, el corrector carece de autoridad para hacer cambios de palabras −excepto en el caso de que un editor lo haya autorizado−, y debe limitarse a corregir errores en el original. Es por esto, que autores como J. A. Tarutz consideran obsoleto el trabajo de corrector de pruebas, ya que el advenimiento de la composición digital ha eliminado el tipiado del texto, y el paso de comparación posterior de las dos versiones, al tiempo que ha agilizado la tarea de corrección, haciéndola más barata y rápida.

Ahora bien, si no caben dudas acerca de que el avance de la informática ha modificado la metodología y los procedimientos propios de la corrección, no es cierto que se trate de una actividad en extinción o, en todo caso, al alcance de cualquiera que pueda manejar un programa informativo.

Por el contrario, la instancia de corrección de estilo sigue siendo una práctica fundamental en las etapas de composición y edición de una obra. Y no solo porque el corrector de estilo se erige como el nexo mediador entre el editor, el autor o el traductor, sino porque su intervención presupone el manejo de competencias específicas que identifican su labor, más que con una práctica adquirida de oficio, con un saber altamente especializado.

En otras palabras, un corrector deberá, sin duda, poseer la habilidad necesaria para distinguir erratas, pero también, y sobre todo, una serie de competencias en el manejo de la lengua, la gramática y las convenciones ortotipográficas.

Fuente: (Parte de texto sacado de la revista Páginas de Guarda, titulado, “¿Corrector o Corruptor? Saberes y Competencias del Corrector de Estilo”, de María Marta Negroni y Andrea Estrada).

Los diez mandamientos del corrector de estilo

1

El corrector debe corregir faltas de ortografía, puntuación, acentuación, errores léxicos y semánticos… Debe evitar localismos, ambigüedades, redundancias, erratas, inexactitudes, pobreza de vocabulario, lugares comunes, incoherencias, fallos de concordancia… Y cuando crea que el texto ya está perfecto, debe volverlo a leer. Su trabajo es revisar, revisar y revisar.

2

El corrector debe respetar el estilo de quien escribe. El texto no es suyo, sino del autor, y su voz no puede falsificarse. Tiene que mejorar el escrito, enriquecerlo, evitar errores, pero nunca modificarlo a su gusto.

3

El corrector debe valorar a qué tipo de texto se enfrenta: no es lo mismo un escrito divulgativo que uno literario, legal, científico… Debe especializarse en la materia que corrige; cuanto más conozca, mejor. Tampoco es lo mismo redactar para Internet que para un soporte en papel; para una red social que para profesores o para alumnos.

4

El corrector responsable tiene que saber parar a tiempo cuando está corrigiendo, aunque a veces le resulte difícil. Es cierto que casi siempre se trata de un profesional mal pagado que trabaja con plazos de urgencia en la entrega, pero el agotamiento mental que produce la corrección hace que puedan pasarse por alto los errores. Una pausa, un cambio de actividad o un "hasta mañana" permiten corregir mejor.

5

El corrector debe cuidar la relación con el autor y mantener con él abierta la comunicación, siempre que sea posible, consultarle todo lo que dude, advertirle de errores en las fechas, personajes, datos, fallos de coherencia…

6

El corrector está obligado a dudar de lo que lee, aunque el autor sea experto en la materia, es bueno cuestionar lo escrito porque eso permite detectar el error. No dar por supuesto nada es una cualidad imprescindible para ser un buen profesional.

7

El corrector siempre está dispuesto a aprender, no le molesta que le corrijan a él, sino que siente satisfacción por descubrir cada día nuevos matices de la lengua, significados, vocabulario, reglas, usos que no conocía.

8

El corrector está al día también en redes sociales, sigue en Twitter, Facebook, blogs, webs… a los que generan recomendaciones sobre el uso correcto del idioma, como la RAE, la Fundéu u otros colegas correctores.

9

El corrector supervisa que la maquetación sea la correcta para la comprensión del texto; por ejemplo, comprueba que el rango de títulos y subtítulos se diferencie visualmente, que las tipografías sean legibles, que exista correlación entre fotos y pies, que la puesta en página no despiste al lector, que no haya líneas perdidas…

10

El corrector de estilo tiene que dudar de sus propios conocimientos, incluso de lo que cree que sabe "de toda la vida"; siempre ha de estar dispuesto a asegurarse de que maneja los términos con propiedad. Para ello, debe tener a mano diccionarios de ortografías y gramáticas en sus últimas ediciones, en formato papel, y en la barra de favoritos de su navegador.



23.4.19

Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor


En este día tan especial, no puede pasar desapercibido que hoy, 23 de abril, es el Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor. ¿Quieren saber por qué hoy? Para empezar, les voy a contar que se celebra a nivel mundial, promovida por la UNESCO desde 1995.
La Unión Internacional de Editores propuso esta fecha a la UNESCO, con el objetivo de fomentar la cultura, la industria cultural y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. La Conferencia General de la UNESCO la aprobó en París el 15 de noviembre de 1995.

Además, se eligió el día 23 de abril porque, supuestamente, coincide con el fallecimiento de Miguel de Cervantes, William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega. Aunque la justificación inicial para haber escogido esta fecha fue la muerte de Cervantes; en realidad este falleció el 22 y fue enterrado el 23, que es cuando se consignó su fallecimiento. En cuanto a Shakespeare, murió el 23 de abril del calendario juliano, que corresponde al 3 de mayo del calendario gregoriano. Y también, el día 23 de abril coincide con el nacimiento o la muerte de otros autores prominentes, tales como Maurice Druon, Haldor K.Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla, Manuel Mejía Vallejo y William Wordsworth.


Los festejos incluyen sueltas de libros, entrega de entradas gratuitas para la 45° edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, entre otras actividades.





Fuente: Google.
Correctora de Papel.

21.4.19

Escritura correcta de Semana Santa y de Pascuas

Correctora de Papel quiere recordarles en este hermoso día de Pascua en qué casos hay que emplear las mayúsculas y en cuáles las minúsculas en los términos y expresiones relacionados a estas celebraciones. Como lo indica la ortografía, los sustantivos y adjetivos que forman parte del nombre de períodos litúrgicos o religiosos se escriben con inicial mayúscula: la Cuaresma, la Semana Santa, las Pascuas o la Pascua.


También, se escriben con mayúscula Viernes de Dolores, Domingo de Ramos, Jueves Santo, Viernes Santo, Lunes de Pascua. En cuanto a los términos religiosos frecuentes, se escriben con inicial minúscula las palabras vigilia, eucaristía, misa, confesión, comunión o procesión. La palabra viacrucis o vía crucis se escribe con minúscula. Vale aclarar que las academias prefieren la primera grafía. No es correcto vía-crucis.



Ahora, les voy a contar qué significa Semana Santa para aquellos que  no lo sepan. Según el Diccionario de la Real Academia Española, es el nombre que recibe la semana última de la Cuaresma, desde el Domingo de Ramos hasta el de Resurrección. No tiene una fecha fija, porque depende de la luna: el primer viernes después de la primera luna llena posterior al equinoccio de primavera será el Viernes Santo.



Para terminar, les cuento el significado de la palabra Cuaresma: es el período posterior a la Semana Santa que comienza el Miércoles de Ceniza. La palabra procede de la expresión latina quadragesima dies, "día cuadragésimo", por la duración de cuarenta días, tal como indica el Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, de Corominas.



Y por último, el término Pascua es el nombre de la fiesta de la resurrección de Cristo. Se celebra el Domingo de Resurrección y marca el final de la Semana Santa.



Nota: es Felices Pascuas si así comienza la oración. Ejemplo: Felices Pascuas les deseamos desde nuestra organización... Pero si felices está en el medio de la oración va con minúscula, por ser un adjetivo, y Pascuas con mayúscula por lo explicado más arriba. Ejemplo: En estas felices Pascuas les queremos agradecer...





Fuente: Fundéu.
Correctora de Papel.

18.4.19

¿Qué es una tesis?


Surgen algunas dudas a la hora de elaborar una tesis. Es importante saber algunas de sus características para aplicarlas a la hora de entregar el trabajo final, que posibilita obtener un título de grado (licenciatura, maestría o doctorado).

Es un trabajo científico original, de una mayor extensión o importancia que la monografía. Es el primer libro que se escribe al graduarse, y de hecho merecerá ser publicado. Puede servir o no como título de grado. Resulta muy dificultosa la elaboración de la tesis, y dudosos sus resultados, si alguien no se ha entrenado y disciplinado en la realización de monografías, pues son demasiadas cosas que hay que aprender de golpe.

Una tesis debe tener entre 120 y 400 páginas. Lo que la distingue de la monografía es, cuantitativamente, la extensión y, cualitativamente, la originalidad, que es una exigencia de este tipo de trabajo.

La metodología es prácticamente la misma y, gracias a la práctica de la elaboración de monografías, se habrán asimilado los métodos de la investigación científica. Sin embargo, no debe convertirse en tesis una monografía ya hecha, mediante una inflación verbal engañosa que no hace sino pervertir el trabajo intelectual.

Otro recaudo importante es solicitar la asesoría, tutoría o dirección de la tesis a un profesor experimentado en la materia.

La tesis exige ciertos requerimientos que hay que seguir al pie de la letra. A grandes rasgos son los siguientes:

*Un plan y la escritura del trabajo.
·       *Una estructura del trabajo.
·       *La búsqueda bibliográfica.
·       *Las citas textuales que hay que elegir.
·       *Las notas al pie.
·       *Una redacción final.
·       *Una presentación formal.

Realizar una tesis es un trabajo arduo en el que hay que elegir un tema con una hipótesis y sostenerlo hasta el final. Además, hay que agregar toda la información relacionada a ese tema, que se hace a través de los textos que se elijan. Y sobre todo, hay que cuidar los aspectos formales de estilo que pide la universidad, que tienen que ver con la tipografía, las normas para la bibliografía, etc. Es sumamente importante que un corrector de textos revise todo el trabajo porque estará capacitado para corregirlo en todos los niveles y estará atento, en todo momento, al estilo.


Fuente: Tesis, tesinas, monografías e informes, de Mirta Botta.
Correctora de Papel

16.3.19

Diéresis, cuándo usarlo

La diéresis es un signo ortográfico auxiliar, también llamado crema, representado por dos puntos (¨) que se disponen horizontalmente sobre la vocal a la que afectan. En español tiene los usos siguientes:

a) Debe colocarse obligatoriamente sobre la u para indicar que esta vocal ha de pronunciarse en las combinaciones gue y gui: agüero, ambigüedad, antigüedad, argüir, bilingüe, cigüeña, contigüidad, degüello, desagüe, halagüeño, lengüeta, paragüero, pedigüeño, pingüe, pingüino, piragüista, ungüento, vergüenza.

En ediciones actuales de textos antiguos no modernizados, también puede encontrarse este signo escrito sobre la u en las combinaciones que, qui, con esta misma finalidad: qüestión, qüistión (en lugar de la forma moderna cuestión).

b)
 El uso de la diéresis está indicado únicamente cuando la /-u/ va seguida de las vocales /-e/ y /-i/ para indicar así que deben pronunciarse ambas vocales. Colocar diéresis en los grupos fónicos “guo” y “gua” no se justifica porque en estos casos la “u” siempre se pronuncia; a diferencia de lo que ocurre con los grupos fónicos “gue” y “gui”, que llevan una “u”, que si bien aparece en la escritura no se pronuncia, como en guerra o guiso. Recordar esta norma evitará, por ejemplo, que escribas paragüas.

c) En ocasiones (solo en poesía y en desuso) se utiliza para leer con hiato vocales que ordinariamente forman diptongo
, como süave o vïuda sobre las "u" e "i" átonas, tal y como también explica el diccionario de la RAE (Real Academia Española) en su segunda acepción: 
 2. f. Métr. Signo ortográfico (¨) que se pone sobre uno de los elementos de una secuencia vocálica para indicar que, en la medida del verso, ha de considerarse un hiato, como en vïuda, süave.

d) En los verbos acabados en -guar, en todos los tiempos en que  exista el triptongo UEI o el diptongo UE. Ejemplo: verbo averiguar, averigüéis, averigüemos. En el verbo santiguar, santigüéis, santigüemos.

e)
También llevan diéresis los nombres de persona, apellidos o topónimos de otras lenguas que en el idioma original lo llevan. Ejemplo: Citroën.

La diéresis es obligatoria en las letras mayúsculas, BILINGÜE, LINGÜÍSTICA, etc. Y por último, no hay que olvidar que al escribir la palabra “diéresis”, esta debe llevar tilde en su primera "e", por ser esdrújula.



Fuente: Rae.

4.2.19

Porsiacaso, un término válido


El sustantivo porsiacaso, escrito en una sola palabra, es válido en español con el sentido de "cualquier cosa que puede ser utilizada en caso de necesidad o imprevisto". En general, se utiliza para aquello que se guarda en una maleta o un bolso.

Es bastante común leer en la prensa noticias tales como: «Para Marie Kondo, los por si acasos son el mayor enemigo del orden», «Saber qué pantalón y qué camiseta nos vamos a poner ayuda a evitar los “por si acaso”» o «Cuenta con gran capacidad para las amantes de los “porsiacaso”».

Aunque el Diccionario de la lengua española indica que el término porsiacaso se utiliza en Argentina y en Venezuela con el sentido de ‘alforja o saco pequeño en que se llevan provisiones de viaje’, en el español general actual está extendido el uso de esta palabra para referirse a cualquier objeto u elemento que puede llegar a ser necesario en una circunstancia concreta o ante un imprevisto.

Respecto al plural, una vez que se ha sustantivado, lo adecuado es formarlo de manera regular: los porsiacasos.

Salvo que se considere que este uso de porsiacaso puede generar extrañeza, no es necesario resaltarlo en cursiva o entre comillas.

Por lo tanto, en los ejemplos anteriores, lo adecuado habría sido escribir «Para Marie Kondo, los porsiacasos son el mayor enemigo del orden», «Saber qué pantalón y qué camiseta nos vamos a poner ayuda a evitar los porsiacasos» y «Cuenta con gran capacidad para las amantes de los porsiacasos».

Finalmente, se recuerda que no hay que confundir este sustantivo con la locución adverbial por si acaso, en tres palabras, cuya definición es "en previsión de una contingencia" y que se escribe en tres palabras, por lo que en: «Estaban buscando a su mascota por todo el vecindario cuando, porsiacaso, decidieron revisar la alcantarilla que quedaba en su patio», lo apropiado habría sido por si acaso.





Fuente: Fundéu. Correctoras de Papel.

18.1.19

Habemos...

Hoy voy a hablarles de este verbo que causa dudas tanto a la hora de escribirlo como de decirlo. Voy a empezar a contar cuál es el uso incorrecto, ya que es el que más se comete:
 
En la lengua culta actual, la primera persona del plural del presente de indicativo del verbo haber es hemos, y no la arcaica habemos, cuyo uso en la formación de los tiempos compuestos de la conjugación es hoy un vulgarismo propio del habla popular que debe evitarse en el habla culta; así, no debe decirse: "Habemos visto a tu hermano", sino "Hemos visto a tu hermano". 

También, debe evitarse en el habla culta el uso de habemos con el sentido de ‘somos o estamos’, puesto que el verbo haber, cuando se emplea para denotar la presencia o existencia de personas o cosas, es impersonal y, como tal, se usa solo en tercera persona del singular: "Hay pocos solteros en el pueblo"; "Había tres personas en la habitación". Por lo tanto, si quien habla desea incluirse en la referencia, no debe emplear el verbo haber en primera persona del plural, como se hace a veces en el habla popular, recurriendo, para el presente de indicativo, a la forma habemos: "Habemos pocos solteros en el pueblo", "Habemos tres personas en la habitación"; debe decirse: "Somos pocos solteros en el pueblo", "Estamos tres personas en la habitación". *Uso correcto:

Solo es admisible hoy en la lengua culta el uso de la forma habemos como primera persona del plural del presente de indicativo de la expresión coloquial habérselas con una persona o cosa (‘enfrentarse a ella o tratar con ella a la fuerza’): "Ya sabés con quién nos las habemos"; "Nos las habemos con un asesino despiadado".



Fuente: Diccionario Panhispánico de Dudas.

15.1.19

Signos auxiliares de puntuación

Hoy vamos a ver algunos de los signos auxiliares de puntuación, que nos sirven para escribir textos literarios, académicos o periodísticos:


  • El apóstrofo: Es un signo en forma de coma elevada o voladita (´). Por lo general, indica elisión de una letra. Se coloca en la parte superior derecha de una letra o palabra: m´ hijo (mi hijo), d´ aquí (de aquí).

    Uso correcto:

    *Se lo suele usar en los textos literarios para imitar el modo de expresión oral de la gente humilde, como por ejemplo: "Di aquí lo sacó en una carretilla e´ mano y lo llevó pa´l río. Vean que marcada está la güeya por el peso ´l finado". También, se lo utiliza en nombres propios de otras nacionalidades: O´Connor, D´Ors.

    *En la poesía antigua señalaba la elisión de alguna vocal: "¡Oh, Belerna! ¡Oh, Belerna! por mi mal fuist´ engendrada, que siete años te serví sin alcanzar d´ ti nada". Romances, de Bernardo del Carpio.

    Uso incorrecto:

    *No se usa para separar enteros de decimales: *6´50. Debe ser: 6,50.

    *Tampoco, reemplaza los millares o las centenas en un número de un año, ya que es un anglicismo ortográfico: *Generación del ´80. Debe ser: Generación del 80.

  • Los corchetes: se utilizan, por regla general, de forma parecida a los paréntesis que incorporan información complementaria o aclaratoria. Su combinación con otros signos de puntuación es idéntica a la de los paréntesis.

    Uso correcto:

    *Dentro de un enunciado o texto, va entre paréntesis cuando es preciso introducir alguna nota aclaratoria o precisión. Ejemplo: "Una de las últimas novelas que publicó Benito Pérez Galdós (algunos estudiosos consideran su obra Fortunata y Jacinta [1886-87] la mejor novela del siglo XIX) fue El caballero encantado".

    *En poesía se coloca un solo corchete de apertura delante de las últimas palabras de un verso para indicar que no caben en la línea anterior. Ejemplo: "... Prendieron unos ranchos trémulos en la costa,
     durmieron extrañados. Dicen que en el [Riachuelo, pero son embelecos fraguados en la Boca. Fue una manzana entera y en mi barrio: en [Palermo". Jorge Luis  Borges.

    *Se utilizan en un texto transcripto cuando el copista o editor quiere incorporar alguna parte que falta, aclaración, nota, desarrollo de una abreviatura o cualquier interpolación ajena al texto original. Ejemplo: "La nieve hermoseaba 
    [texto tachado: los parques y los edificios de] la ciudad aquella mañana fría de julio".

    *Cuando en una cita textual se omite una parte del texto, ya sea una sola palabra o un fragmento más extenso. Ejemplo: "Pensé en lo que usted me había enseñado: que nunca hay que odiar a nadie. Le sonreí para decírselo; pero después pensé que él no pudo ver mi sonrisa 
    [...] por lo negra que estaba la noche". Juan Rulfo.

Otros signos que desarrollaremos en otro artículo son: la barra, el asterisco, las comillas, el guión corto, los paréntesis y la raya o guión largo.






Fuente: Normativa de la lengua.