30.11.18

Lenguaje inclusivo, ¿sí o no?


La Real Academia Española reiteró su rechazo al lenguaje inclusivo. En un nuevo libro de estilo que publicó hace unas semanas se puede leer la observación sobre el uso de términos "inclusivos" como "todxs", "todes" o "tod@s". Según el manual, es algo "innecesario". Es en ese aspecto, sobre las "cuestiones gramaticales", el documento señala que "el masculino, por ser el no marcado, puede abarcar el femenino en ciertos contextos. No hay razón para pensar que el género masculino excluya a las mujeres en tales situaciones". Se sostiene, entonces, que el masculino abarca también el femenino, por lo que no se recomienda utilizar, por ejemplo", "los guatemaltecos y las guatemaltecas".


Para los que no estén tan al tanto, paso a contarles que el concepto de lenguaje inclusivo alude al modo de expresión que evita las definiciones de género o sexo, abarcando a mujeres, varones, personas transgénero e individuos no binarios por igual. En el lenguaje habitual, para saludar a las personas que se encuentran en un recinto alcanza con decir “Buenos días a todos”, por ejemplo. Las normas del castellano contemplan en el término masculino “todos” también a quienes no son hombres. Algunos, sin embargo, prefieren recurrir a la expresión “Buenos días a todos y a todas” para especificar que el saludo abarca a las mujeres. Pero el lenguaje inclusivo va un paso más allá y propone reemplazar la marca de género por una letra E o una X“Buenos días a todes” o “Buenos días a todxs”.

Fuente: diccionario



21.11.18

Resiliencia

De un tiempo a esta parte se ha tornado frecuente el uso de la palabra resiliencia para denominar la resistencia de alguien ante un sufrimiento intenso o una situación desfavorable. En realidad, resiliencia es la capacidad de superación de alguien que experimenta una vivencia traumática, de dejar atrás el sufrimiento y volver a vivir la vida con tanto apego y entereza como los que no pasaron por esa experiencia. La resiliencia refiere a vivir situaciones límite con la flexibilidad de un junco, sobreponerse a ellas y salir uno fortalecido.

Resiliencia es un término que viene de la física, ciencia en la cual se emplea para denominar la propiedad de un material de volver a su forma original después de haber sufrido una deformación. Algunos coches, por ejemplo, tienen parachoques resilientes que, después de haber sufrido una colisión, son capaces de recuperar espontáneamente en poco tiempo su forma previa. En física, resiliencia expresa la cantidad de energía que ese material es capaz de almacenar cuando la presión que sufre reduce su volumen; esa energía se mide en julios por metro cúbico.

El psiquiatra infantil Michael Rutter y el neurólogo, psiquiatra y etólogo francés contemporáneo Boris Cyrulnik, inspirados en el concepto físico, introdujeron el término en el campo de la psicología con el significado explicado más arriba: la capacidad de las personas de superar tragedias o acontecimientos fuertemente traumáticos. Cyrulnik, cuyos padres judíos fueron asesinados por los nazis, pasó los últimos años de la guerra escondido en una granja. Su recuperación lo llevó a estudiar psiquiatría y dedicó su vida a estudiar la capacidad de recuperación de los sobrevivientes de los campos de concentración y de los niños criados en orfanatos.

Resiliencia es una de esas palabras de origen latino que, curiosamente, nos han llegado a través del inglés, en este caso, del vocablo resilience, que, a su vez, se derivó del latín resilio, -ire ‘saltar hacia atrás’, ‘volver de un salto’, compuesto a su vez por el prefijo re- y el verbo salire ‘saltar’.

El mismo concepto se aplica también en ecología para indicar la capacidad de un ecosistema para absorber perturbaciones sin alterar significativamente su estructura, y luego regresar a su estado original una vez que la perturbación cesa.
No es apropiado, pues, decir que alguien es resiliente porque logra resistir una situación desfavorable, sino que el concepto de resiliencia se aplica más bien a quien es capaz de recuperarse totalmente del trauma sufrido y seguir adelante.


Fuente: Ricardo Socas. Web: www.elcastellano.org