"No hay que perder de vista que el corrector no es el autor de los textos"



16 de enero de 2018

Romance, su etimología

Se dice de las lenguas modernas derivadas del latín, como el español, el italiano, el francés, el rumano y el portugués, por mencionar solo lenguas nacionales. También el idioma español, que es una de las lenguas romances, se llamó así en cierta época.

En español se llamó romance la novela o libro de caballerías en prosa o en verso, pero novela se traduce al portugués como romance. Existe, asimismo, una composición métrica de origen español, llamada romance, que consiste en repetir al final de todos los versos pares una misma asonancia y en no dar a los versos impares rima alguna.

En su origen, romance era una historia contada en latín, en la lengua de Roma. Cuando el idioma que se hablaba en Francia se tornó claramente diferente del bajo latín –como ocurrió con el español a partir del siglo X–, los franceses llamaron romanz a la lengua naciente, para indicar así que se trataba de un idioma que provenía del latín. Esta palabra se formó a partir del latín romanicus, que procede, a su vez, de romanicé, derivado del nombre de la Ciudad Eterna, aplicado al habla de sus habitantes y, posteriormente, a las lenguas desarrolladas en las naciones de cultura latina.

Romance aparece ya en el Cantar de Mio Cid. A las obras de la narrativa medieval, desde las novelas de caballería, se las llamó también romance en varias lenguas derivadas del latín, como el francés (roman), el portugués (romance). Sin embargo, en nuestra lengua conquistó tempranamente la preferencia para las narraciones literarias la voz novela, del italiano novella (noticia, novedad), que fue recogida por Nebrija en nuestro primer diccionario.

El origen de romántico es similar: palabra formada a partir del francés romantique, que significaba 'novelesco'; 'romántico', derivó de la palabra inglesa romantic, que en el curioso juego de idas y vueltas de las lenguas europeas, provenía del francés romant, una variante de roman.




Fuente: elcastellano.org

11 de enero de 2018

Interjecciones, cómo escribirlas y usarlas de manera correcta

La RAE define interjección como la clase de palabras invariables, con cuyos elementos se forman enunciados exclamativos, que manifiestan impresiones, verbalizan sentimientos o realizan actos de habla apelativos.


Hay interjecciones propias, que son aquellas que no derivan de otras palabras y expresan una emoción pura; la forma correcta de escribirlas es la que procede a continuación:



¡Ah! (asombro).
¡Ajá! (aprobación).
¡Arre! (orden de avance al caballo).
¡Ay! (dolor).
¡Bah! (desprecio).
¡Buah! (asombro, incredulidad o sorpresa).
¡Buu! (desprecio).
¡Caray! (sorpresa).
¡Cáspita! (contrariedad).
¡Che! (atención, saludo o queja).
¡Ea! (aprobación).
¡Eh! (apelación).
¡Equilicuá! (solución).
¡Eureka! (solución).
¡Ey! (llamada).
¡Guau! (asombro).
¡Guay! (alegría).
¡Hala! (asombro).
¡Hale! (asombro).
¡Hola! (saludo).
¡Hurra! (alegría).
¡Huy! ( asombro, sorpresa por algo insólito. Según la RAE se puede escribir con hache o sin ella).
¡Jaque! (orden de ataque).
¡Jo! (lamento).
¡Oh! (sorpresa).
¡Ok! (aprobación).
¡Olé! (aprobación).
¡Ojalá! (deseo).
¡Oops! (disculpa).
¡Puaj! (asco).
¡Puf! (contrariedad).
¡Sh! (orden de silencio).
¡So! (orden de parada al caballo).
¡Uf!( sirve para denotar cansancio, fastidio o sofocación).
¡Yupi! (alegría).


Y también existen interjecciones impropias, que son aquellas que proceden de otras palabras, verbos, adjetivos, nombres, etc. Por ejemplo:


¡Anda! (sorpresa).
¡Caracoles! (sorpresa).
¡Caramba! (sorpresa).
¡Cojonudo! (aprobación).
¡Cielos! (lamento).
¡Diablos! (lamento).
¡Genial! (alegría).
¡Rayos! (contrariedad).
¡Recórcholis! (sorpresa).
¡Tongo! (engaño).
¡Toma! (reproche o ánimo).
¡Vamos! (ánimo).
¡Viva! (alegría).

Ah, y a no olvidarse de ¡poner siempre los signos exclamativos de apertura y de cierre!

9 de enero de 2018

Arte latte

Es el arte de realizar figuras y dibujos en la superficie espumosa. Se vierte la leche en el espresso de tal forma que se van haciendo dibujos. Uno de los más conocidos es el corazón. Esta técnica requiere de mucha práctica, paciencia y de cómo ponemos la jarra y hacemos caer la leche sobre la espumita del café. 

El barista David Schomer dueño del café Seattle’s Espresso Vivace fue quien trajo a América las primeras y principales técnicas de arte latte en 1988. Él popularizó la roseta, es una flor como de varias hojas con una punta en forma de corazón; la primera vez que se vio fue en una foto de un café italiano en 1992. 


El arte latte es una creación culinaria que implica mucha disciplina y creatividad; en las propias palabras de Schomer “La intención es promover el respeto del café espresso como un arte culinario que hace hincapié en el sabor, un tacto sedoso, y las posibilidades de su presentación".
Además, el arte latte es esencial como parte de los conocimientos de un barista, ya que no solo se ponen a prueba su destreza y buen manejo del café, de las máquinas de café, de la emulsión de la leche, sino que también muestra todo el proceso que implica y conlleva el elaborar una bebida de forma adecuada y de la calidad de los productos que están presentes durante dicho proceso.