"NO HAY QUE PERDER DE VISTA QUE EL CORRECTOR NO ES EL AUTOR DE LOS TEXTOS"


4 de febrero de 2019

Porsiacaso, un término válido


El sustantivo porsiacaso, escrito en una sola palabra, es válido en español con el sentido de "cualquier cosa que puede ser utilizada en caso de necesidad o imprevisto". En general, se utiliza para aquello que se guarda en una maleta o un bolso.

Es bastante común leer en la prensa noticias tales como: «Para Marie Kondo, los por si acasos son el mayor enemigo del orden», «Saber qué pantalón y qué camiseta nos vamos a poner ayuda a evitar los “por si acaso”» o «Cuenta con gran capacidad para las amantes de los “porsiacaso”».

Aunque el Diccionario de la lengua española indica que el término porsiacaso se utiliza en Argentina y en Venezuela con el sentido de ‘alforja o saco pequeño en que se llevan provisiones de viaje’, en el español general actual está extendido el uso de esta palabra para referirse a cualquier objeto u elemento que puede llegar a ser necesario en una circunstancia concreta o ante un imprevisto.

Respecto al plural, una vez que se ha sustantivado, lo adecuado es formarlo de manera regular: los porsiacasos.

Salvo que se considere que este uso de porsiacaso puede generar extrañeza, no es necesario resaltarlo en cursiva o entre comillas.

Por lo tanto, en los ejemplos anteriores, lo adecuado habría sido escribir «Para Marie Kondo, los porsiacasos son el mayor enemigo del orden», «Saber qué pantalón y qué camiseta nos vamos a poner ayuda a evitar los porsiacasos» y «Cuenta con gran capacidad para las amantes de los porsiacasos».

Finalmente, se recuerda que no hay que confundir este sustantivo con la locución adverbial por si acaso, en tres palabras, cuya definición es "en previsión de una contingencia" y que se escribe en tres palabras, por lo que en: «Estaban buscando a su mascota por todo el vecindario cuando, porsiacaso, decidieron revisar la alcantarilla que quedaba en su patio», lo apropiado habría sido por si acaso.





Fuente: Fundéu. Correctoras de Papel.

18 de enero de 2019

Habemos...

Hoy voy a hablarles de este verbo que causa dudas tanto a la hora de escribirlo como de decirlo. Voy a empezar a contar cuál es el uso incorrecto, ya que es el que más se comete:
 
En la lengua culta actual, la primera persona del plural del presente de indicativo del verbo haber es hemos, y no la arcaica habemos, cuyo uso en la formación de los tiempos compuestos de la conjugación es hoy un vulgarismo propio del habla popular que debe evitarse en el habla culta; así, no debe decirse: "Habemos visto a tu hermano", sino "Hemos visto a tu hermano". 

También, debe evitarse en el habla culta el uso de habemos con el sentido de ‘somos o estamos’, puesto que el verbo haber, cuando se emplea para denotar la presencia o existencia de personas o cosas, es impersonal y, como tal, se usa solo en tercera persona del singular: "Hay pocos solteros en el pueblo"; "Había tres personas en la habitación". Por lo tanto, si quien habla desea incluirse en la referencia, no debe emplear el verbo haber en primera persona del plural, como se hace a veces en el habla popular, recurriendo, para el presente de indicativo, a la forma habemos: "Habemos pocos solteros en el pueblo", "Habemos tres personas en la habitación"; debe decirse: "Somos pocos solteros en el pueblo", "Estamos tres personas en la habitación". *Uso correcto:

Solo es admisible hoy en la lengua culta el uso de la forma habemos como primera persona del plural del presente de indicativo de la expresión coloquial habérselas con una persona o cosa (‘enfrentarse a ella o tratar con ella a la fuerza’): "Ya sabés con quién nos las habemos"; "Nos las habemos con un asesino despiadado".



Fuente: Diccionario Panhispánico de Dudas.

15 de enero de 2019

Signos auxiliares de puntuación

Hoy vamos a ver algunos de los signos auxiliares de puntuación, que nos sirven para escribir textos literarios, académicos o periodísticos:


  • El apóstrofo: Es un signo en forma de coma elevada o voladita (´). Por lo general, indica elisión de una letra. Se coloca en la parte superior derecha de una letra o palabra: m´ hijo (mi hijo), d´ aquí (de aquí).

    Uso correcto:

    *Se lo suele usar en los textos literarios para imitar el modo de expresión oral de la gente humilde, como por ejemplo: "Di aquí lo sacó en una carretilla e´ mano y lo llevó pa´l río. Vean que marcada está la güeya por el peso ´l finado". También, se lo utiliza en nombres propios de otras nacionalidades: O´Connor, D´Ors.

    *En la poesía antigua señalaba la elisión de alguna vocal: "¡Oh, Belerna! ¡Oh, Belerna! por mi mal fuist´ engendrada, que siete años te serví sin alcanzar d´ ti nada". Romances, de Bernardo del Carpio.

    Uso incorrecto:

    *No se usa para separar enteros de decimales: *6´50. Debe ser: 6,50.

    *Tampoco, reemplaza los millares o las centenas en un número de un año, ya que es un anglicismo ortográfico: *Generación del ´80. Debe ser: Generación del 80.

  • Los corchetes: se utilizan, por regla general, de forma parecida a los paréntesis que incorporan información complementaria o aclaratoria. Su combinación con otros signos de puntuación es idéntica a la de los paréntesis.

    Uso correcto:

    *Dentro de un enunciado o texto, va entre paréntesis cuando es preciso introducir alguna nota aclaratoria o precisión. Ejemplo: "Una de las últimas novelas que publicó Benito Pérez Galdós (algunos estudiosos consideran su obra Fortunata y Jacinta [1886-87] la mejor novela del siglo XIX) fue El caballero encantado".

    *En poesía se coloca un solo corchete de apertura delante de las últimas palabras de un verso para indicar que no caben en la línea anterior. Ejemplo: "... Prendieron unos ranchos trémulos en la costa,
     durmieron extrañados. Dicen que en el [Riachuelo, pero son embelecos fraguados en la Boca. Fue una manzana entera y en mi barrio: en [Palermo". Jorge Luis  Borges.

    *Se utilizan en un texto transcripto cuando el copista o editor quiere incorporar alguna parte que falta, aclaración, nota, desarrollo de una abreviatura o cualquier interpolación ajena al texto original. Ejemplo: "La nieve hermoseaba 
    [texto tachado: los parques y los edificios de] la ciudad aquella mañana fría de julio".

    *Cuando en una cita textual se omite una parte del texto, ya sea una sola palabra o un fragmento más extenso. Ejemplo: "Pensé en lo que usted me había enseñado: que nunca hay que odiar a nadie. Le sonreí para decírselo; pero después pensé que él no pudo ver mi sonrisa 
    [...] por lo negra que estaba la noche". Juan Rulfo.

Otros signos que desarrollaremos en otro artículo son: la barra, el asterisco, las comillas, el guión corto, los paréntesis y la raya o guión largo.






Fuente: Normativa de la lengua.


27 de diciembre de 2018

Síndromes literarios

Hoy voy a publicar un tema relacionado con la literatura, mejor dicho, con ciertas características de algunos personajes que han dado nombre a síndromes psicológicos o complejos de personalidad. Dejamos a un costado el buen uso del lenguaje para adentrarnos, un poco, en el mundo literario... Les dejo enlaces para que vean de qué se trata cada libro, si es que no lo conocen.


*Síndrome de Ana Karenina: Anna Karenina era una mujer de la alta sociedad que disfrutaba de una vida tranquila y sin grandes problemas junto a su marido y su hijo hasta que se enamoró de un militar por el que lo abandonó todo hasta terminar lanzándose a las vías del tren. Se dice que los que tienen el síndrome de Ana Karenina presentan una obsesión enfermiza y destructiva hacia otra persona.

*Síndrome de Madame Bovary: el bovarismo es un estado de insatisfacción crónica en el plano afectivo y social que se debe al contrastar las ilusiones que uno se crea con la realidad que le rodea.

*Síndrome de Huckleberry Finn: Huck era el inseparable amigo de Tom Sawyer que llegó a protagonizar un libro que narraba sus aventuras. Este sería un síndrome psicológico caracterizado por la incapacidad de tomar decisiones y la negativa a asumir cualquier responsabilidad. En la edad adulta, está relacionado con la baja autoestima y el rechazo a la autoridad paterna...

*Síndrome de Alicia: La niña que perseguía a un conejo viajó a un mundo desconocido en el que podía cambiar de tamaño tras beber de un frasco o comer un pastel. Luego, conseguía volver a su estado original, cosa que no ocurre con los aquejados del síndrome que lleva su nombre. Las personas que padecen este trastorno ven alterada la forma, el tamaño e incluso la ubicación espacial de los objetos. También, se sienten más grandes o pequeños de lo que son en realidad.

*Síndrome de Rapunzel: la protagonista del cuento de los hermanos Grimm vivía encerrada en una alta torre a la que solamente se podía acceder trepando por su largo cabello. Este trastorno se da en niñas y mujeres jóvenes que sufren de tricofagia o de ingesta de cabello en forma compulsiva; esto provoca la formación de una bola en el intestino que puede resultar mortal.

*Síndrome de Otelo: son los celos patológicos en los cuales la obsesión por la posible infidelidad de la pareja traspasa toda lógica y evidencia de lo contrario. En la ficción, Otelo mató a su mujer Desdémona porque estaba convencido que le era infiel, cosa que no sucedía en realidad.

*Síndrome de Peter Pan: ¿quién no conoce este cuento? El niño que habitaba el País de Nunca Jamás y se pasaba el tiempo jugando se negó a crecer. Este síndrome se presenta en personas inmaduras que se resisten a crecer y a les que les gustaría disfrutar sin afrontar responsabilidades, tales como el trabajo, los estudios y la vida en pareja.

*Síndrome de Wendy: la niña que contaba cuentos a Peter Pan y a los niños perdidos y que no pudo evitar crecer, a pesar de las súplicas de Peter Pan. Era protectora y maternal en exceso... Por eso, este síndrome se caracteriza por una obsesión de satisfacer a los otros por miedo al rechazo y al abandono.

*Síndrome de Pickwick: Charles Dickens creó a un niño gordo y narcoléptico llamado Joe Pickwick y las personas que los sufren presentan problemas de respiración, obesidad mórbida y dolores de cabeza.

*Síndrome de Dorian Gray: en el libro, el joven Dorian vendió su alma al diablo a cambio de no envejecer jamás. Aunque el síndrome no se ha llegado a aceptar como tal, sí que se admite como trastorno caracterizado por la obsesión hacia los supuestos defectos físicos y el envejecimiento.

*Síndrome de Munchausen: el personaje está inspirado en una persona real que fue oficial de caballería de origen alemán con gran capacidad de invención. Las personas que padecen este síndrome se autolesionan para convencer al resto que están enfermas y así conseguir su atención.

*Síndrome de Cenicienta: esta también es una historia más que conocida por todos. La célebre heroína de este cuento de hadas consiguió lo que quería: casarse con el príncipe a pesar de que su madrastra y sus hermanastras le hacían la vida imposible... Esta historia da nombre a un curioso trastorno que afecta sobre todo a los niños que inventan maltratos por parte de sus padres adoptivos.

*Síndrome de la Bella Durmiente o de Kleine-Levin: se conoce también como hipersomnia y si en el célebre cuento que los hermanos Grimm recopilaron la protagonista se pasó cien años dormida, en la vida real quien la padece llega a dormir hasta un mínimo de dieciocho horas. Se conoce un caso de una joven de Pennsylvania, llamada Nicole Delien que sufrió esta alteración neurológica tras la cual se pasó diecisiete años dormida. En una ocasión durmió hasta 64 días seguidos.

*Síndrome de (el cerebro de) Narciso: es un trastorno de la personalidad donde una persona siente una admiración exagerada hacia sí misma respecto a su físico, su personalidad, conocimiento y otras capacidades que posee.

*El complejo de Edipo: la tragedia griega cuenta que Edipo mató a su padre y se casó a su madre sin saberlo. Esto en psiquiatría se conoce como un trastorno caracterizado por una obsesión hacia la madre y el odio y el rechazo por el padre.

*El complejo de Electra: Electra da nombre a la atracción afectiva que siente una niña por su padre en detrimento de la madre.








Fuente: Google





18 de diciembre de 2018

Navidad: claves para una mejor redacción

Les dejo algunas claves para una redacción más cuidadosa en lo que se refiere a los términos relacionados con estas celebraciones.

1.    Mayúsculas para NavidadNochebuena

Navidad, Navidades, Nochebuena, Nochevieja, Año Nuevo 
y Reyes se escriben con mayúscula inicial por tratarse de nombres propios de festividades, según indica la Ortografía académica. Cuando Navidades Navidad se refieren al periodo, se admite también su escritura con minúscula: «Cerca de 2,4 millones de pasajeros pasarán estas navidades por los aeropuertos canarios». Además, y aunque ambas son correctas, se prefieren las formas Nochebuena y Nochevieja a las escritas en dos palabras Noche Buena y Noche Vieja.

2. Minúscula para las palabras felizpróspero, paz

Términos como feliz, próspero, amor, paz felicidad, que suelen verse con inicial mayúscula («El presidente del Gobierno deseó una Feliz Navidad a los periodistas»), se escriben, al tratarse de adjetivos y nombres comunes, con minúscula inicial: «El presidente del Gobierno deseó una feliz Navidad a los periodistas».

3. Tarjeta de Navidad, mejor que christmas

Las expresiones tarjeta de Navidad o tarjeta navideña son preferibles a la voz inglesa Christmas y su hispanización crismas, cuyo empleo se da especialmente en España.

4. El belén, en minúsculas

La representación de la escena del nacimiento de Jesús se escribe con minúsculas, el 
belén, ya que, aunque proviene del nombre de la localidad donde la Biblia sitúa el nacimiento, se usa en este sentido como nombre común. Solo se escribe con mayúscula inicial si se refiere a la ciudad: «Jesús nació en Belén». También se escriben en minúscula sus sinónimos nacimiento, portal y pesebre

5. Niños JesúsPapás Noel y papanoeles

Se recomienda escribir Niños Jesús y Papás Noel como plurales de Niño Jesús y Papá Noel. Sin embargo, Papá Noel ha dado también origen al sustantivo común papanoel, referido, más que al propio San Nicolás, a las personas disfrazadas de este personaje, a los muñecos y a los adornos con su forma. El plural es papanoeles.


Fuente: Rae. Fundéu.

Polisemia

Quiero contarles que la polisemia (del griego poli > 'muchos', semia > 'significados') se le llama a la propiedad que tiene una palabra de poseer varios significados. Por ejemplo: banco: es un mueble para sentarse, o un conjunto de peces que van juntos en gran número, o el establecimiento donde se deposita el dinero, o el lugar que impide el avance de alguien. En este último caso, la polisemia se vincula con el proceso de metaforizar el lenguaje. Es notable observar que las palabras de uso frecuente son polisémicas y las menos frecuentes, monosémicas. 

Dentro de la polisemia están los sinónimos y los parónimos. Los sinónimos son las palabras que tienen una misma o similar significación, aunque difieran en la grafía. Por ejemplo, el adjetivo grande tiene como sinónimos enorme, inmenso, amplio, inconmensurable. Nuestra lengua posee una cartera extraordinaria de sinónimos. A ello contribuyeron las diferentes lenguas que convergieron en su seno, como el latín, el griego y el árabe. 

Los parónimos son las voces que tienen alguna semejanza en su origen, forma o sonido. Toman el nombre de:


  • homónimas: cuando son iguales por su forma, pero tienen orígenes etimológicos diferentes y, consiguientemente, significados distintos, como: vela (de luz) y vela (de barco); tajo (corte) y Tajo (el río);
  • homófonas: cuando tienen igual sonido y distinta significación y escritura, como: vaso y bazo, onda y honda;
  • homógrafas: cuando tienen la misma ortografía y distinta significación, como: río (corriente de agua) y río (del verbo reír).






4 de diciembre de 2018

Uso de mayúsculas y minúsculas en sol, tierra y luna

Las voces sol, tierra y luna se escriben con mayúscula inicial en contextos astronómicos, en los que estos términos funcionan como nombres designativos de los respectivos objetos, pero con minúscula fuera de ellos, si se refieren a los astros en sí o en los usos derivados o metafóricos.
Estos sustantivos aparecen en ocasiones escritos con mayúscula inicial en frases donde esta resulta innecesaria, como en «Descubren un sistema solar con seis “Tierras” que podrían albergar agua líquida», «La playa es un destino perfecto no solo para relajarse, sino también para tomar el Sol» o «La Luna Llena pasará a través de la sombra».

La Ortografía de las Academias de la Lengua explica que estas voces se escriben con mayúscula cuando se refieren a los nombres propios de los objetos astronómicos, tanto en publicaciones especializadas en astronomía u otras disciplinas relacionadas como también en noticias, novelas, definiciones en diccionarios, etc.
Fuera de estos contextos, continúa la obra académica, «tanto en su uso recto como en los derivados o metafóricos, se escriben con minúscula inicial con toda normalidad»; esta recomendación se aplica en especial a expresiones como tomar el sol, salir el sol, ser un sol, luna llena, luna nueva, luz de la luna, luna de miel, pedir la luna, los desheredados de la tierra y otras similares, donde tampoco es necesario ningún destacado como comillas o cursiva. Se escribe siempre tierra en minúscula cuando se refiere al suelo: «El avión pudo tomar tierra».

Como casos específicos, sol, tierra y luna se escriben normalmente con minúscula con los sentidos de ‘estrella’, ‘planeta similar a la Tierra’ y ‘satélite’, respectivamente, como en «Cada galaxia tiene cien mil millones de soles y sistemas solares» y «Descubren océano en una luna de Saturno».

De este modo, en los primeros ejemplos habría sido mejor «Descubren un sistema solar con seis tierras que podrían albergar agua líquida», «La playa es un destino perfecto no solo para relajarse, sino también para tomar el sol» y «La luna llena pasará a través de la sombra». En el primero de ellos podría haberse dicho también «planetas como la Tierra», con Tierra en mayúscula porque aquí se remite de modo directo a nuestro planeta.

Se escribe también en minúscula sistema solar, nombre que según la vigesimotercera edición del Diccionario académico se aplica principalmente al sistema planetario organizado en torno al Sol, pero que también es posible que aluda a cualquier otro que tenga un sol como estrella central.

Igualmente lo adecuado, cuando no forme parte de un nombre propio, es escribir con minúscula inicial la palabra planeta, ya que, aunque por antonomasia suela remitir a la Tierra, es un sustantivo común.



Fuente: Fundéu

30 de noviembre de 2018

Lenguaje inclusivo, ¿sí o no?


La Real Academia Española reiteró su rechazo al lenguaje inclusivo. En un nuevo libro de estilo que publicó hace unas semanas se puede leer la observación sobre el uso de términos "inclusivos" como "todxs", "todes" o "tod@s". Según el manual, es algo "innecesario". Es en ese aspecto, sobre las "cuestiones gramaticales", el documento señala que "el masculino, por ser el no marcado, puede abarcar el femenino en ciertos contextos. No hay razón para pensar que el género masculino excluya a las mujeres en tales situaciones". Se sostiene, entonces, que el masculino abarca también el femenino, por lo que no se recomienda utilizar, por ejemplo", "los guatemaltecos y las guatemaltecas".


Para los que no estén tan al tanto, paso a contarles que el concepto de lenguaje inclusivo alude al modo de expresión que evita las definiciones de género o sexo, abarcando a mujeres, varones, personas transgénero e individuos no binarios por igual. En el lenguaje habitual, para saludar a las personas que se encuentran en un recinto alcanza con decir “Buenos días a todos”, por ejemplo. Las normas del castellano contemplan en el término masculino “todos” también a quienes no son hombres. Algunos, sin embargo, prefieren recurrir a la expresión “Buenos días a todos y a todas” para especificar que el saludo abarca a las mujeres. Pero el lenguaje inclusivo va un paso más allá y propone reemplazar la marca de género por una letra E o una X“Buenos días a todes” o “Buenos días a todxs”.

Fuente: diccionario



21 de noviembre de 2018

Resiliencia

De un tiempo a esta parte se ha tornado frecuente el uso de la palabra resiliencia para denominar la resistencia de alguien ante un sufrimiento intenso o una situación desfavorable. En realidad, resiliencia es la capacidad de superación de alguien que experimenta una vivencia traumática, de dejar atrás el sufrimiento y volver a vivir la vida con tanto apego y entereza como los que no pasaron por esa experiencia. La resiliencia refiere a vivir situaciones límite con la flexibilidad de un junco, sobreponerse a ellas y salir uno fortalecido.

Resiliencia es un término que viene de la física, ciencia en la cual se emplea para denominar la propiedad de un material de volver a su forma original después de haber sufrido una deformación. Algunos coches, por ejemplo, tienen parachoques resilientes que, después de haber sufrido una colisión, son capaces de recuperar espontáneamente en poco tiempo su forma previa. En física, resiliencia expresa la cantidad de energía que ese material es capaz de almacenar cuando la presión que sufre reduce su volumen; esa energía se mide en julios por metro cúbico.

El psiquiatra infantil Michael Rutter y el neurólogo, psiquiatra y etólogo francés contemporáneo Boris Cyrulnik, inspirados en el concepto físico, introdujeron el término en el campo de la psicología con el significado explicado más arriba: la capacidad de las personas de superar tragedias o acontecimientos fuertemente traumáticos. Cyrulnik, cuyos padres judíos fueron asesinados por los nazis, pasó los últimos años de la guerra escondido en una granja. Su recuperación lo llevó a estudiar psiquiatría y dedicó su vida a estudiar la capacidad de recuperación de los sobrevivientes de los campos de concentración y de los niños criados en orfanatos.

Resiliencia es una de esas palabras de origen latino que, curiosamente, nos han llegado a través del inglés, en este caso, del vocablo resilience, que, a su vez, se derivó del latín resilio, -ire ‘saltar hacia atrás’, ‘volver de un salto’, compuesto a su vez por el prefijo re- y el verbo salire ‘saltar’.

El mismo concepto se aplica también en ecología para indicar la capacidad de un ecosistema para absorber perturbaciones sin alterar significativamente su estructura, y luego regresar a su estado original una vez que la perturbación cesa.
No es apropiado, pues, decir que alguien es resiliente porque logra resistir una situación desfavorable, sino que el concepto de resiliencia se aplica más bien a quien es capaz de recuperarse totalmente del trauma sufrido y seguir adelante.


Fuente: Ricardo Socas. Web: www.elcastellano.org

8 de octubre de 2018

Aún/Aun


El adverbio aún se escribe con tilde cuando es palabra tónica y equivale a todavía, mientras que, cuando significa incluso, hasta, también o (ni) siquiera, es átono y se escribe sin tilde.

En los medios de comunicación la tilde de este adverbio a menudo no se ajusta a la norma: «Ni aún acompañado de Harrison Ford pudo despuntar», «Sufre un tremendo accidente y aún así gana la carrera», «Si no duermes bien, subes de peso y te cuesta más trabajo bajar aún cuando haces ejercicio», «Aún teniendo a los mejores, no siempre puedes jugar bien» o «Su testimonio compromete aun más a Facundo Garbarino».

Tal como indica el Diccionario de la lengua española, el adverbio aún se escribe con tilde en sus tres primeras acepciones, esto es, cuando significa todavía y se emplea con los siguientes valores:

 Con sentido temporal («Aún quedan entradas a la venta»).

Como equivalente de sin embargo o no obstante («Le sirvieron la comida el primero y aún se quejó»).

Para enfatizar («Hubo más telespectadores aún que en la edición anterior»).

Aunque en el último ejemplo el adverbio puede sustituirse tanto por todavía como por incluso (Hubo más telespectadores todavía que en la edición anterior / Hubo más telespectadores incluso que en la edición anterior), la pronunciación es tónica y, por tanto, lo apropiado es escribir tilde. En este sentido, cabe señalar que, con este valor ponderativo, el adverbio suele ir acompañado de más, menos, mejor, peor, etc.

El diccionario académico señala, por otra parte, que el adverbio aun se escribe sin tilde cuando es palabra átona equivalente a incluso, a menudo seguido de gerundio («Aun yendo en ambulancia, no llegó con vida»), a hasta («Nunca es tarde para obtener la ciudadanía: aun a los 99 años») o a (ni) siquiera («Ni aun en esa circunstancia se dará por vencido»).

También, se escribe sin tilde en la locución aun cuando y el conector aun así.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, en los ejemplos iniciales lo apropiado habría sido escribir «Ni aun acompañado de Harrison Ford pudo despuntar», «Sufre un tremendo accidente y aun así gana la carrera», «Si no duermes bien, subes de peso y te cuesta más trabajo bajar aun cuando haces ejercicio», «Aun teniendo a los mejores, no siempre puedes jugar bien» y «Su testimonio compromete aún más a Facundo Garbarino».



Fuente: Fundéu